Cómo crear un personaje de novela (I)

 

Escritores consagrados te explican cómo hacerlo

Patricia Higsmith decía que era la jefa de sus personajes, igual que Saramago, aunque él añadía que, por fortuna, no se notaba. Ernest Hemingway lo tenía muy claro y afirmaba que “al escribir una novela, un escritor debe crear gente viva; personas no personajes. Un personaje es una caricatura”. Una opinión que años antes expresó Luigi Pirandello, artífice de la obra de teatro Seis personajes en busca de un autor. “Los personajes no deben aparecer como fantasmas sino como realidades creadas, construcciones inmutables de la fantasía: más reales y más consistentes, en definitiva, que la voluble naturalidad de los actores”. Para Susan Sontag esa convivencia del escritor con sus personajes es una esquizofrenia y en su novela América se describe a sí misma como alguien que contempla a sus personajes como si no tuviera nada que ver en sus acciones.

 

Gabriel García Márquez dijo en repetidas ocasiones que uno de los oficios del escritor era lograr que los personajes respiraran solos en los libros. A lo largo de su carrera, el premio Nobel alcanzó este objetivo con éxito: José Arcadio Buendía, la Mamá Grande o Esteban, el ahogado más hermoso del mundo. Personajes que reflejan la diversidad de un país y de un continente y el genio de quien los ideó.

 

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De Sancho Panza a Maga, los personajes revelan la cara del autor. Muchos han sobrevivido a sus creadores y hoy un enamorado es un romeo, un soñador un quijote, un conquistador un don Juan y una casamentera, una celestina. Anfitrión, hoy epónimo, era un personaje de Moliere y la palabra más curiosa, pantalón, deriva en realidad de un personaje la Comedia del Arte italiana: Pantaleón, que tenía como una de sus características usar esta de prensa de vestir.

 

 

 

Los personajes siguen vivos pero ¿cómo crean los autores un personaje inolvidable?

 

Ray Bradbury asegura que “creo mis personajes para que vivan su propia vida. En realidad, no soy yo quien los creo a ellos sino que son ellos quienes me crean a mí. Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que los personajes vivan al límite de sus pasiones y de sus emociones. Quiero que amen, o que odien, que hagan lo que tengan que hacer, pero que lo hagan apasionadamente. Es eso, esa pasión, lo que la gente recuerda para siempre en un personaje. Pero no tengo un plan preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo. El personaje principal de Fahrenheit 451 —obligado a quemar libros— vino un día a mí y me dijo que no quería quemar más libros, que ya estaba harto. Yo no tenía opciones, así que le contesté: “Bueno, como quieras, dejá de quemar libros y listo”.

 I wrote a letter to my love

 

Rosa Montero apunta que los personajes “aparecen en tu cabeza en primer lugar muy pequeños, reducidos a una imagen, o una frase, o un gesto, una característica, una decisión, algo… es un núcleo sustancial a partir del cual ese personaje se va construyendo. Y lo desarrollas viviéndote dentro de él, es decir, es el personaje el que te va enseñando cómo es. El novelista debe de ser lo suficientemente humilde como para dejar de lado su voluntad, digamos, y hacer caso a lo que el personaje le va contando de sí mismo… en algún sentido. La creación de una novela es muy semejante a un sueño. Tú no escoges el sueño que vas a tener, por el contrario el sueño se te impone”.

 

 

Para Angeles Mastretta la creación de personajes tiene también algo de ensoñación. “Los personajes se crean dentro de uno, mucho antes de que uno se atreva a contarlos. A veces, irrumpen sin más a media tarde y convierten todo en una feria de lo desconocido. ¿De dónde salió esta mujer? ¿De dónde este hombre solitario? ¿De dónde este padre entrañable? De algún lugar entre los sueños y la esperanza, de un recóndito abismo que se guarda nuestros secretos y los pone de pronto sobre la mesa. Yo veo a los personajes y los oigo desde antes de escribirlos, sin embargo, mientras los escribo veo cómo se convierten en seres vivos. Cuando termino uno novela, extraño a los personajes que dejé ahí. Sobre todo extraño a los padres de Emilia Sauri, a su tía Milagros, a la Prudencia Migoya de Ninguna“.

 

 

Palibrio | Cursos online para escribir poesíaAntonio Skarmeta apunta que sos sus acciones las que dibujan los personajes. “Un personaje es siempre un proyecto y no debe preexistir a la novela. Son los actos los que lo moldean, las opciones que toma. En la construcción de la narradora y protagonista de La Chica del Trombón tuve que ser muy diligente. Ella es una chica huérfana sin pre-historia y obligada a buscar sus raíces en el futuro. Esto define su carácter: es alguien que está moldeándose en algo impreciso. Un personaje es una encrucijada de opciones. Los grandes personajes de la literatura están consumidos por la sensación de que habitan en un misterio que deben revelar con sus acciones. Lo que los define es el riesgo. Desde allí irán al fracaso, o a la gloria”.

 

 

Y tus personajes, ¿se dirigen al fracaso o a la gloria? En Palibrio queremos ayudarte y en el próximo post te seguiremos dando claves para crear unos personajes memorables.

 

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